Tres días hablando de turismo, sostenibilidad, innovación, agua, energía, residuos, emisiones, certificaciones… y yo pensando: ¿y la comida?
Hace unos días estuve en CDMX participando en el Sustainable & Social Tourism Summit 2026, representando a Vegan Hospitality y, por supuesto, llevando también la mirada de NAWÉ a la conversación.
Durante el Summit escuché algo una y otra vez: la industria turística está buscando nuevas formas de medir, reducir y comunicar su impacto ambiental. Los hoteles ya tienen metas alrededor del consumo de agua y energía, reducción de residuos, emisiones, proveedores y muchas otras áreas de su operación.
Pero hay una que creo que todavía tiene muchísimo espacio por explorar: lo que servimos en el plato.
Los alimentos también tienen una huella ambiental. Las decisiones que se toman desde una cocina qué ingredientes comprar, a quién comprarlos, cómo diseñar un menú o qué opciones impulsar también pueden contribuir a los objetivos de sostenibilidad de un hotel o restaurante.
Y ahí es donde la gastronomía vegetal se pone muy interesante.
No estoy hablando de transformar por completo un menú ni de cambiar la identidad de un restaurante. Hablo de crear opciones deliciosas y atractivas, capacitar a los equipos para prepararlas y recomendarlas, y empezar a entender la comida como una parte más de una estrategia de sostenibilidad.
Regresé del Summit con muchos contactos, muchas notas, demasiadas pestañas abiertas en la computadora y, sobre todo, muchas ideas sobre todo lo que todavía podemos hacer en este espacio.
Porque quizá la siguiente gran oportunidad para avanzar en sostenibilidad hotelera no está solamente en los paneles solares, los sistemas de agua o la eliminación de plásticos.
Quizá también está en el menú.
Y sobre eso… puede que tenga algunas cosas cocinándose.
